Permiso para desaprender lo correcto

Siempre he sido conocida como Rina “la aplicada”.
Me gustaba hacer las cosas exactamente como me enseñaban: las medidas correctas, los colores correctos, la composición correcta. Y aunque eso me ayudó muchísimo a aprender, también hizo que durante mucho tiempo sintiera miedo de equivocarme.
Porque sí… toda scrapera sabe que llega un momento donde algo empieza a diferenciarte. Pero incluso ahí, el miedo sigue presente.
El miedo a hacerlo “mal”. A salirte de lo que funciona. A no verte tan perfecta como las demás.
Y sinceramente, no creo que eso esté mal. Así empezamos muchas veces. Así aprendemos.
Cada proyecto que hacía me gustaba… pero en el fondo sentía que faltaba algo mío. Algo que hiciera que alguien lo viera y dijera: “esto es Rina”.
No desde el ego… sino desde esa necesidad tan humana de encontrar tu propia voz.
Recuerdo perfectamente cuando decidí comprar mis primeros journals… aunque en realidad pasaron mucho tiempo guardados.
Todo empezó cuando asistí a clases de mixed media con una profesora muy querida para mí: Patricia Chunga. Fue ella quien me llevó a conocer lo que hoy sigue siendo una de mis marcas favoritas: Stamperia.
Y sí… cuando fui a esa primera clase, mis ojos brillaron.
Y no solo por querer comprar todo (aunque un poquito también 🤭), sino porque sentía algo difícil de explicar.
Miraba los materiales, los proyectos, las texturas, los colores… y sentía que algo dentro de mí se abrazaba.
Había algo en ese tipo de arte que no solo me parecía bonito… me hacía sentir tranquila, inspirada, libre.
Fue ahí cuando Patricia me recomendó empezar un journal como práctica creativa.
Y aunque acepté emocionada, la verdad es que ese journal terminó guardado muchísimo tiempo.
Hasta el día en que finalmente me atreví a abrirlo.
Y ahora que lo pienso… qué curioso era todo.
Porque yo sabía hacer scrap. Sabía medidas, composición, estructura, armonía.
Pero no sabía crear sin reglas.
Y cuando una está acostumbrada a hacer todo “bien”, equivocarse se siente incómodo. Raro. Casi prohibido.
Por eso abrir ese journal daba tanto miedo.
Pero aun así lo hice.
Y decidí hacerlo precisamente con esa marca que tanto me inspiraba.
Entonces me atreví a manchar.
A rasgar.
A ensuciarme las manos.
A escoger colores porque me hacían sentir algo y no porque combinaran perfecto.
Y poco a poco… algo empezó a cambiar.
Mis manos comenzaron a disfrutar los fondos imperfectos. Las capas sin tanta planificación. Las mezclas inesperadas.
Y casi sin darme cuenta, mi mente empezó a conectar todo lo aprendido en tantas clases… pero esta vez desde la emoción y no desde la perfección.
Y sí… creo que fue ahí donde me sentí verdaderamente libre.
Puedo decir que ahí empezó mi verdadero proceso creativo.
Hoy, para mí, desaprender lo correcto no significa olvidar todo lo aprendido.
Significa aprender a crear siendo libre.
Y creo que eso fue justamente lo que el art journal vino a enseñarme… algo que necesitaba para comprenderme mejor.
El art journal me enseñó que una mancha también puede ser bonita. Que una página no necesita ser perfecta para transmitir algo.
Ahora, cuando preparo mi espacio para crear, lo hago desde la emoción. Porque ya no siento que tengo que demostrar nada.
Solo disfruto.
Pruebo.
Descubro.
Y eso no significa que dejaré de aprender técnicas, conocer materiales o entender composiciones. Al contrario… siento que nunca dejaré de aprender.
Pero hoy entiendo algo importante:
Mi creatividad no estaba dormida por falta de talento. Solo necesitaba permiso para despertar.
Y finalmente… me lo di.
A mi manera.

Información

  • Categoria: Scrap & Creatividad A1
  • Autor: Rina Candela
  • Contactar

Deja tu comentario