Todavía me estoy convirtiendo

Todavía me estoy convirtiendo
Me pongo a recordar que ha habido momentos en mi vida en los que me preguntaba cuál sería el final del camino.
¿Cuál sería ese momento en el que finalmente podría decir:
"Estoy lista."
"Estoy preparada."
"Ahora sí."
Durante mucho tiempo pensé que existía un punto de llegada.
Un lugar donde las dudas desaparecerían.
Donde tendría más confianza.
Más experiencia.
Más claridad.
Donde ya no sentiría miedo al tomar decisiones o al mostrarme tal como soy.
Pero me di cuenta de algo que no esperaba.
Ese momento no llega de la forma en que imaginamos.
Porque cada vez que creemos haber alcanzado una meta, aparece un nuevo desafío.
Cada vez que sentimos que ya entendimos algo, la vida nos invita a aprender algo más.
Y cada vez que pensamos que finalmente llegamos, descubrimos que todavía estamos creciendo.
Quizá por eso hoy miro mi vida de una manera diferente.
Ya no busco tanto el final del camino.
Me interesa más la persona en la que me estoy convirtiendo mientras lo recorro.
Si miro hacia atrás, me doy cuenta de cuántas veces imaginé que la siguiente etapa sería la definitiva.
Que cuando tuviera más experiencia me sentiría segura.
Que cuando aprendiera un poco más confiaría plenamente en mí.
Que cuando las cosas estuvieran en orden tendría más claridad.
Y, sin embargo, cada vez que llegaba a uno de esos lugares, aparecía una nueva versión de mí que todavía tenía algo por aprender.
Hoy me resulta curioso pensar en ello.
Porque muchas de las cosas que forman parte de mi vida actual ni siquiera existían hace algunos años.
No escribía blogs.
No grababa podcasts.
No dedicaba tiempo a reflexionar sobre creatividad, intuición o crecimiento personal.
Ni imaginaba cuánto podría descubrir sobre mí simplemente atreviéndome a empezar.
Y quizá esa ha sido una de las lecciones más importantes de este proceso.
Las cosas que más nos transforman rara vez llegan cuando nos sentimos completamente preparados.
Llegan mientras estamos aprendiendo.
Mientras estamos dudando.
Mientras seguimos intentando descubrir quiénes somos.
Por mucho tiempo pensé que primero debía convertirme en cierta clase de persona para hacer determinadas cosas.
Hoy creo que ocurrió exactamente al revés.
Fue al hacerlas que empecé a convertirme en esa persona.
Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que gran parte de este camino no ha consistido en acumular cosas.
Ha consistido en soltar.
Soltar la necesidad de hacerlo todo perfecto.
Soltar la idea de que debía tener todas las respuestas antes de empezar.
Soltar la búsqueda constante de aprobación.
Soltar la creencia de que existía una única forma correcta de crear, de crecer o incluso de vivir.
Y aunque no siempre fue fácil, cada una de esas despedidas dejó espacio para algo nuevo.
Más libertad.
Más confianza.
Más curiosidad.
Más autenticidad.
Hoy sigo teniendo dudas.
Sigo cometiendo errores.
Sigo enfrentando momentos en los que no sé exactamente cuál es el siguiente paso.
La diferencia es que ya no espero sentirme completamente preparada para avanzar.
He aprendido que muchas veces la confianza aparece después del primer paso, no antes.
Y que gran parte de la vida se construye precisamente así.
Mientras aprendemos.
Mientras probamos.
Mientras nos equivocamos.
Mientras seguimos creciendo.
Estar hoy escribiendo estas líneas es algo que siempre quise hacer, pero que durante mucho tiempo vi muy lejano.
Creo que los miedos tienen esa capacidad de detenernos en diferentes momentos de nuestra vida. Nos convencen de que todavía no es el momento, de que aún nos falta algo, de que debemos esperar un poco más.
Mirando hacia atrás, siento que el 2025 fue mi base. Un año en el que empecé a construir poco a poco aquello que quería lograr, aunque muchas veces sin darme cuenta.
Y este año finalmente di el salto.
Ese salto que me permitió dejar de esperar y empezar a hacer.
Ese salto que me sigue llenando el corazón de emociones, aprendizajes y nuevos sueños.
Hay algo que todavía me causa gracia recordar.
Muchas veces me decían:
—Qué buenas ideas tienes.
¿Yo?
Jajaja.
Porque hoy creo que más que ideas, eran emociones buscando una forma de salir.
Eran historias.
Eran experiencias.
Eran sueños que todavía no sabían cómo convertirse en realidad.
Y quizá por eso valoro tanto este momento.
Porque me recuerda que muchas de las cosas que hoy forman parte de mi vida comenzaron siendo apenas una pequeña inquietud en mi corazón.
También me recuerda algo más.
Que ningún camino se recorre completamente solo.
Por eso agradezco profundamente a todas las personas que han formado parte de esta etapa de mi vida.
A quienes me inspiran.
A quienes me enseñan.
A quienes me acompañan.
A quienes celebran mis alegrías y me sostienen en los días difíciles.
Aprendo de cada una de ellas.
Disfruto su compañía.
Y valoro profundamente todo lo que aportan a mi camino.
Durante este tiempo he escrito sobre creatividad, procesos, intuición, cambios y transformación.
Pero mientras escribo estas líneas, me doy cuenta de que todos esos temas hablaban de algo más profundo.
Hablaban de aprender a habitar mi propia vida de una manera diferente.
De permitirme empezar sin tener todas las respuestas.
De aceptar que los cambios forman parte del camino.
De confiar un poco más en mí.
Y de entender que crecer no significa llegar a una versión perfecta de quienes somos.
Significa darnos permiso para seguir evolucionando.
Todavía hay cosas que quiero aprender.
Todavía hay sueños que quiero cumplir.
Todavía hay miedos que a veces aparecen.
Todavía hay caminos que no sé exactamente cómo recorrer.
Pero ya no me preocupa tanto como antes.
Porque entendí que no necesito llegar a una versión terminada de mí misma para sentir que voy por buen camino.
La vida no ocurre cuando finalmente estamos listas.
La vida ocurre mientras aprendemos.
Mientras cambiamos.
Mientras nos equivocamos.
Mientras volvemos a intentarlo.
Mientras nos convertimos.
Y quizá esa sea una de las enseñanzas más bonitas que me llevo de este proceso.
No soy la misma mujer que empezó este camino.
Y tampoco soy la mujer que seré mañana.
Pero me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo.
Porque entendí que no necesito tener todas las respuestas para seguir avanzando.
No necesito sentirme completamente lista para empezar.
No necesito esperar la versión perfecta de mí misma para vivir aquello que sueño.
Por ahora, me basta con seguir caminando.
Seguir aprendiendo.
Seguir creando.
Seguir creciendo.
Porque todavía me estoy convirtiendo.

Información

  • Categoria: Scrap & Creatividad A1
  • Autor: Rina Candela
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